Si sabes que funciona, no lo dejes de hacer
Escrito por el Sr. LINK
Hay decisiones de negocio que uno
toma con mucha seguridad, con toda la lógica del mundo y con una frase que
suena bastante razonable en la cabeza: “esto ya no hace falta”.
Y justo ahí empieza el problema.
Porque a veces dejamos de hacer
algo que funciona, no porque haya dejado de funcionar, sino porque nos
acostumbramos tanto a que funcione que dejamos de verlo. Como cuando una
empresa dice: “ya todo mundo sabe que vendemos eso”, “ya nos conocen”, “ya no necesitamos
decirlo tanto”, “ya no vale la pena invertir ahí”.
Y luego, curiosamente, las ventas
se caen.
Qué raro, ¿no?
Hoy quiero hablar de eso con una
historia real. Una de esas historias que parecen sencillas, pero que te dejan
una lección bastante fuerte si sabes verla.
Hace muchos años conocí, en un
evento de networking, a quien después se convertiría en uno de mis primeros
clientes de consultoría estratégica: Gerardo Gallegos, dueño de lo que
hoy es Travellers México. En aquel momento la empresa se llamaba Asia
Travellers, y su idea principal era muy clara: vender viajes a Asia.
Tenía sentido. Gerardo había
viajado a Asia, le había encantado, conocía el destino, lo disfrutaba y quería
compartir esa experiencia con más personas. Y cuando alguien emprende desde
algo que le emociona, suele pasar eso: cree que el mercado va a sentir lo mismo
que él.
A veces sí pasa. A veces no.
Y no porque la idea sea mala,
sino porque el mercado tiene esa mala costumbre de no comprar lo que uno quiere
vender, sino lo que realmente necesita, desea, entiende o está dispuesto a
pagar.
En aquellos años, Gerardo iba
acompañado por una persona que trabajaba muy cerca de él. Hay una anécdota que
todavía recuerdo con mucho cariño, porque resume perfecto lo que a veces pasa
cuando uno cree que estar en el lugar correcto automáticamente traerá ventas.
Ellos habían pagado una expo de XV años. Sí, una expo de XV años. Invirtieron,
montaron, asistieron, esperaron prospectos, imaginaron viajes, paquetes,
cierres, emoción comercial… y al final, lo más relevante que obtuvieron de esa
expo no fue una venta.
Fue que el colaborador consiguió
novia.
O sea, retorno sí hubo. Nomás no
para el negocio.
Y a ver, qué bueno por él. El
amor también tiene su ROI, pero no era exactamente el objetivo de la inversión.
Cuando empezamos a trabajar,
revisamos el negocio, el mercado, los clientes, los destinos, los canales, las
oportunidades reales y las fantasías que uno se cuenta cuando está
emprendiendo. Poco a poco nos dimos cuenta de que, aunque Asia era una idea atractiva,
el negocio no podía sostenerse solo desde lo que al dueño le encantaba vender.
Tenía que mirar lo que realmente podía vender, lo que el mercado ya estaba
comprando y lo que podía convertirse en una línea fuerte y rentable.
Y ahí apareció algo muy claro: su
principal fuerza estaba en redes sociales, sobre todo en Facebook, y una buena
parte de sus ventas se concentraba en un destino específico: Cancún.
Cancún era su fuerte.
No porque fuera lo más exótico.
No porque sonara tan aspiracional como Asia. Cancún era su fuerte porque
funcionaba. Porque la gente lo pedía. Porque los clientes lo entendían. Porque
había mercado. Porque podían venderlo. Porque el canal respondía.
Y eso, en un negocio, vale
muchísimo.
Con los años, Travellers México
fue evolucionando. En otro blog les contaré cómo pasaron de querer venderle
hasta la maleta a cualquier cliente, a volverse mucho más específicos en su
oferta. Porque ese también es un gran aprendizaje: querer vender todo a todos
suele sonar a oportunidad, pero muchas veces termina siendo una manera muy
elegante de perder enfoque.
Pero hoy no quiero hablar de eso.
Hoy quiero hablar de una decisión
que tomaron cuando el negocio ya venía más estructurado, cuando ya no
trabajábamos todas las semanas, sino una vez al mes, en juntas de seguimiento
estratégico. El negocio ya caminaba mejor, ya tenía más orden, ya tenía cierta
claridad y ya había aprendido mucho sobre sus clientes.
Y entonces, un día, decidieron
dejar de hacer publicidad de Cancún.
¿Por qué?
Porque, según ellos, “ya todo
mundo sabe que vendemos Cancún”.
Suena lógico, ¿no?
Si ya todos saben que lo vendes,
¿para qué seguirlo diciendo? Si ya es tu fuerte, ¿para qué gastar en
recordarlo? Si ya está instalado en la mente del cliente, ¿para qué seguir
empujando ese mensaje?
Muy razonable.
También muy peligroso.
Al siguiente mes llegué a la
junta estratégica. Era momento de revisar ventas, resultados, comportamiento de
campañas, qué había funcionado, qué no, qué se había movido, qué estaba raro. Y
había un dato que brincaba: las ventas habían caído.
Y no era cualquier mes. Estábamos
hablando de una época importante para ellos. Enero y febrero eran meses
fuertes, porque su negocio aprovechaba muy bien las temporadas bajas.
Justamente ahí había oportunidad: vender paquetes cuando la gente podía encontrar
mejores condiciones, mejores precios y mejores opciones.
Pero las ventas no estaban
respondiendo igual.
Entonces empezamos a rascarle.
Qué cambió. Qué hicieron distinto. Qué dejaron de hacer. Qué canal se movió.
Qué campaña cambió. Qué mensaje quitaron.
Y después de un rato apareció la
respuesta: habían quitado la publicidad de Cancún.
No porque el destino hubiera
dejado de vender. No porque el mercado ya no lo quisiera. No porque la campaña
estuviera fallando. La quitaron porque pensaron que ya no era necesaria.
Ahí está la trampa.
A veces creemos que si algo
funciona solo, ya no necesita atención. Pero muchas veces funciona precisamente
porque lo estás atendiendo.
Les compartí entonces una
historia que se cuenta de una de las refresqueras más grandes del mundo, una de
esas marcas cuyo logo rojo no necesita mucha explicación. Según esta anécdota
empresarial, en algún momento hicieron una prueba en un país de Europa Central:
dejaron de hacer publicidad durante un mes para comprobar si realmente seguía
siendo necesaria. La lógica era más o menos la misma: “todo mundo nos conoce,
¿para qué gastar tanto en publicidad?”.
¿Y qué pasó?
Las ventas cayeron con fuerza.
Y aquí está la lección: la
publicidad no siempre está ahí solo para que alguien descubra que existes.
Muchas veces está ahí para que no se le olvide que existes.
Eso fue exactamente lo que pasó
con Travellers México. No habían dejado de vender Cancún porque Cancún hubiera
dejado de interesar. Habían dejado de recordarle al mercado que ellos vendían
Cancún. Y el mercado, tan sentimental como siempre, no se quedó llorando por la
ausencia de la campaña. Simplemente se fue a comprar con alguien más.
Así de romántico es el mercado.
Al mes siguiente corrigieron.
Volvieron a activar la publicidad de Cancún y, como por arte de magia —aunque
no era magia, era marketing— las ventas empezaron a recuperarse. Incluso hubo
clientes que, al volver a ver la publicidad, dijeron algo que dolía y enseñaba
al mismo tiempo: “Ah, pensamos que ya no lo vendían”.
Imagínate.
No dejaron de comprarte porque ya
no te quisieran. Dejaron de comprarte porque asumieron que ya no ofrecías eso.
Y esa es una forma muy tonta de
perder ventas. Digo “tonta” con cariño, porque todos hemos cometido alguna
versión de ese error. Dejamos de hablar de lo que funciona, dejamos de mostrar
lo que la gente sí compra, dejamos de insistir en lo que ya está probado,
porque creemos que el mercado tiene mejor memoria de la que realmente tiene.
Spoiler: no la tiene.
La gente está ocupada. Tiene
problemas, pendientes, cuentas, hijos, clientes, juntas, tráfico, mensajes,
cansancio, vacaciones, antojos y otras marcas hablándole al mismo tiempo. Si tú
dejas de aparecer, no necesariamente van a preguntarse por ti. Muchas veces
simplemente van a resolver con quien sí apareció.
Por eso quiero llegar a una frase
que parece sencilla, pero que en negocio pesa mucho:
Si sabes que funciona, no lo
dejes de hacer.
No significa que nunca cambies.
No significa que repitas todo eternamente. No significa que te cases con una
campaña, un canal, una oferta o una táctica solo porque alguna vez dio
resultado. Claro que hay que medir, ajustar, mejorar, probar y evolucionar.
Pero una cosa es mejorar lo que
funciona y otra muy distinta es apagarlo porque “ya todos saben”.
Ahí entra el marketing.
En Método LINK trabajamos el
marketing como un proceso. Y esto es importante porque muchas personas lo
reducen a publicidad, diseño, redes sociales o ventas. Pero el marketing es más
amplio que eso. Para nosotros, MARKETING es el proceso mediante el cual
vendes, promueves, promocionas, retienes o educas sobre un producto o servicio
específico, para un mercado específico, buscando generar prospectos,
seguidores, promotores o fanáticos.
Dicho más sencillo: el marketing
no es solo vender. Vender puede ser una de sus funciones, pero no la única.
A veces haces marketing para que
alguien te compre hoy. A veces lo haces para que alguien sepa que existes. A
veces para que entienda algo nuevo que ofreces. A veces para que no olvide que
sigues ahí. A veces para que un cliente que ya te compró vuelva. A veces para
que alguien que nunca te ha comprado empiece a seguirte. A veces para que
alguien que te sigue comparta tu contenido. Y a veces para alimentar a esos
fanáticos que no solo compran, sino que se sienten parte de la marca.
Pensemos en esos fanáticos de la
marca de la manzanita mordida. Hay gente que no solo compra un producto. Lo
espera, lo defiende, lo comenta, lo presume, lo recomienda y casi hace fila
emocional antes de que salga. Eso no ocurre solo por vender. Ocurre porque la
marca ha construido una relación mucho más profunda con su mercado.
Claro, no todas las empresas
necesitan tener fanáticos de ese nivel. No todos vendemos teléfonos,
experiencias globales o productos con filas afuera de la tienda. Pero sí todos
necesitamos entender qué estamos buscando con nuestro marketing.
Porque no es lo mismo vender que
promover, promocionar, retener o educar.
Vender es decirle al mercado:
“cómprame esto”. Promover es mostrar algo que haces, algo nuevo, algo que quizá
tu cliente no sabe que ofreces o algo que quieres poner en su mente.
Promocionar es usar un incentivo: 3x2, descuento, segunda pieza al 50%, regalo,
bono, beneficio temporal. Es una táctica útil, pero peligrosa si se vuelve
costumbre, porque luego el cliente aprende a comprarte solo cuando estás
barato. Y eso, a ver, tampoco es exactamente construir valor.
Educar es necesario cuando tu
producto o servicio no se entiende todavía, cuando estás entrando a una
categoría nueva, cuando el cliente no sabe que tiene un problema o cuando
necesita comprender por qué tu solución le conviene. Hay negocios que primero tienen
que enseñar antes de vender, porque si el cliente no entiende la necesidad,
difícilmente pagará por resolverla.
Y retener es recordarle al
cliente que sigues ahí, que eso que ya conoce sigue disponible, que ese
producto que le resolvió algo todavía existe, que ese destino que ya vendes
sigue siendo parte de tu oferta, que no tiene que irse con otro solo porque tú dejaste
de aparecer.
Eso fue lo que pasó con
Travellers México.
No quitaron una campaña
cualquiera. Quitaron una acción de retención.
Y al quitarla, dejaron de
recordarle al mercado su fortaleza principal. El mercado no hizo un comité para
investigar si seguían vendiendo Cancún. No mandó una carta. No prendió
veladoras por la campaña perdida. Simplemente dejó de verlos y empezó a considerar
otras opciones.
Por eso es tan importante
entender qué función cumple cada acción comercial. Porque cuando no lo
entiendes, puedes apagar algo que parece gasto, pero que en realidad está
sosteniendo presencia, memoria y venta.
No toda publicidad busca cerrar
en ese momento. Parte de la publicidad existe para mantenerte en la mente del
cliente. Y eso, aunque no siempre se vea tan directo como una venta inmediata,
puede ser exactamente lo que sostiene que el cliente te busque cuando llegue el
momento de comprar.
Aquí hay una verdad incómoda: a
veces no dejamos de hacer algo porque no sirva; dejamos de hacerlo porque nos
aburrimos de hacerlo.
Nos cansamos de repetir el
mensaje. Nos cansamos de hablar del mismo producto. Nos cansamos de publicar
sobre lo mismo. Nos cansamos de ver la misma campaña. Y como nosotros ya
estamos hartos de escucharla, asumimos que el mercado también.
Pero el mercado no vive dentro de
tu negocio.
Tú ves tu marca todos los días.
Tu cliente no. Tú piensas en tu producto todos los días. Tu cliente no. Tú
sabes qué vendes, qué no vendes, qué cambiaste, qué paquete salió, qué destino
sigue vigente. Tu cliente no tiene por qué saberlo si no se lo recuerdas.
Y aquí es donde muchas empresas
fallan: comunican desde su cansancio interno, no desde la necesidad del
mercado.
Dicen: “ya hablamos mucho de
esto”.
¿Mucho para quién? ¿Para ti o
para tu cliente?
Porque tal vez tú ya lo dijiste
veinte veces, pero tu cliente apenas lo vio una. O quizá ni siquiera lo vio. O
lo vio cuando no estaba listo para comprar. O lo vio, le interesó, lo olvidó, y
necesitaba verlo otra vez dos semanas después.
La repetición, cuando tiene
estrategia, no es necedad. Es presencia.
Claro, tampoco se trata de
repetir como disco rayado sin medir nada. No se trata de publicar lo mismo
eternamente sin revisar resultados, sin probar mensajes, sin ver qué canal
funciona, sin analizar si el mercado cambió. Eso no es constancia; eso es piloto
automático con Wi-Fi.
La clave está en entender antes
de mover. Si una acción funciona, no basta con celebrarla; hay que comprender
qué está sosteniendo. Si un resultado baja, no conviene correr a inventar una
explicación elegante; primero hay que revisar qué cambió. Y si algo está dando
resultado, no lo mates solo porque ya te cansaste de verlo. Primero entiende
por qué funciona, qué papel cumple y qué pasaría si lo quitas.
En el caso de Travellers México,
lo valioso fue que sí había seguimiento. Nos sentamos, revisamos, analizamos y
encontramos la causa. El error duró un mes. Se corrigió y recuperaron parte de
la venta perdida.
Pero piensa qué hubiera pasado si
no se revisa.
¿Qué tal si pasan tres meses?
¿Seis meses? ¿Un año? ¿Qué tal si interpretan mal la caída y piensan que Cancún
ya no se vende, que el mercado cambió, que Facebook ya no sirve, que la
competencia está muy fuerte o que la gente ya no viaja? Y todo porque apagaron
una acción que estaba funcionando.
Eso pasa más de lo que parece.
Una empresa cambia algo pequeño,
no lo mide, cae un resultado y luego inventa una explicación que suena
inteligente, pero no es cierta. Entonces toma otra mala decisión para corregir
un problema que ella misma creó. Y así se va armando una bonita cadena de
errores con excelente presentación.
Por eso los procesos importan.
Un proceso no es hacer siempre lo
mismo sin pensar. Un proceso es tener una forma clara de ejecutar, medir,
revisar y ajustar. En marketing, eso significa entender qué estás haciendo,
para quién, con qué mensaje, en qué canal y con qué resultado esperado.
La lección no es “nunca apagues
una campaña”. Hay campañas que deben apagarse, mensajes que deben cambiar y
canales que dejan de funcionar. La lección es otra: no dejes de hacer algo
que funciona sin entender qué función está cumpliendo.
Porque a veces lo que tú ves como
gasto es retención. Lo que ves como repetición es recordación. Y lo que ves
como “ya lo saben” es precisamente lo que el cliente necesita volver a ver para
comprarte.
Con Gerardo Gallegos y Travellers
México aprendimos muchas cosas a lo largo del camino. Esta fue una de ellas: a
veces el crecimiento no viene de inventar algo nuevo, sino de dejar de
abandonar lo que ya probaste que funciona.
Suena simple.
Pero en los negocios, muchas
cosas importantes suenan simples hasta que te cuestan ventas.
Hoy Travellers México sigue
caminando, evolucionando y ayudando a muchas personas a viajar mejor. Y esta
historia, como muchas otras que hemos vivido con clientes, nos recuerda algo
muy valioso: los negocios no solo se construyen con ideas nuevas; también se
construyen sosteniendo con disciplina aquello que ya demostró tener valor.
Si quieres conocer más sobre Gerardo
Gallegos y Travellers México, te dejo aquí sus redes sociales:
Instagram: https://www.instagram.com/travellersmex/
Facebook: https://www.facebook.com/rentadecasasdedescansoenmorelos/
TikTok: https://www.tiktok.com/@travellers_mexico
Whatsapp: 55 2384 2252
Y si al leer esto pensaste en
algo que tu negocio dejó de hacer solo porque “ya todos lo saben”, quizá vale
la pena revisarlo. Tal vez no necesitas inventar una campaña nueva. Tal vez
necesitas volver a mirar esa acción que funcionaba, entender qué estaba
sosteniendo y decidir con datos, no con cansancio.
Porque si sabes que funciona, no
lo dejes de hacer.
Soy el Sr. LINK, y
recuerda:
Nuestro negocio es que tú
negocio sea negocio.



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